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Dr Emilio Moreno González

Me gustan las personas y me gusta operar; por eso soy cirujano plástico. Porque la combinación de esos dos factores hacen de esta profesión algo inigualable. Las personas acuden a nosotros por problemas reales, que a menudo les condicionan en uno o múltiples aspectos de su vida, y es imprescindible que cuenten con nuestra empatía inmediata para su resolución. Yo me siento muy honrado cuando alguien deposita en mi algo tan importante como su confianza, asumo esa responsabilidad con seriedad, honestidad y una combinación nada fácil de conseguir de preparación, capacidad de decisión y prudencia. Mi relación con el paciente no acaba nunca, y es en la absoluta disponibilidad donde marcamos la diferencia, antes, durante y después de la intervención.

En lo que se refiere a la cirugía mamaria la búsqueda de la naturalidad es nuestra bandera en todos los procedimientos. Tengo una experiencia amplia de más de una década en la utilización de implantes anatómicos en la mamoplastia de aumento que me permite ofrecer a mis pacientes intervenciones poco molestas, de rápida recuperación y elevado índice de satisfacción. Sin perder de vista esto, en los últimos años mi actividad ha ido derivando hacia la resolución verdaderamente especializada de casos secundarios y sobre todo de mama tuberosa, cirugías que me llenan porque el problema que suponen para las pacientes es mucho mayor y su resolución implica un gran momento en sus vidas, y ser parte de eso para mi supone una gran satisfacción: Diagnostico preciso, planificación meticulosa, ejecución impecable y seguimiento estrecho son elementos que no deben flaltar en ninguna cirugía, pero en éstas, más complejas, es fundamental. 

En cuanto a la cirugía de contorno corporal, mi área de experiencia se centra sobre todo en el tronco, o dicho de otra manera, el rejuvenecimiento de la región abdominal después de embarazos y/o perdidas ponderales. 

En lo referente a la cirugía facial, el concepto sigue siendo el mismo: Naturalidad en los resultados, delicadeza y precisión en la ejecución y meticulosidad en el diagnostico y planificación. De esta manera tanto el lifting facial como la blefaroplastia o la rinoplastia se convierten en cirugías que no suponen cambios exagerados en el paciente y simplemente corrigen aquellos factores que lo precisan. 

Somos buenos cirujanos no solo porque operamos bien, sino porque somos honestos, escuchamos a nuestros pacientes y ponemos a su disposición todo lo que somos como personas y profesionales para conseguir algo que es muy importante, alcanzar sus objetivos.